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El Baúl de Tolkien

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Versos y Canciones de Tolkien

Cancion que canta Bilbo antes de marcharse

El Camino sigue y sigue
desde la puerta.
El camino ha ido muy lejos,
y si es posible he de seguirlo
recorriéndolo con pie decidido
hasta llegar a un camino más ancho
donde se encuentran senderos y cursos.
¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.Huyendo del enemigo hacia los Gamos

En el hogar el fuego es rojo,
y bajo el techo hay una cama;
pero los pies no están cansados todavía,
y quizá aún encontremos detrás del recodo
un árbol repentino o una roca empinada
que nadie ha visto sino nosotros.

Árbol y flor y brizna y pasto,
¡que pasen, que pasen!
Colina y agua bajo el cielo,
¡pasemos, pasemos!

Aun detrás del recodo quizá todavía esperen
un camino nuevo o una puerta secreta,
y aunque hoy pasemos de largo
y tomemos los senderos ocultos que corren
hacia la luna o hacia el sol
quizá mañana aquí volvamos.

Manzana, espino, nuez y ciruela
¡que se pierdan, se pierdan!
Arena y piedra y estanque y cañada,
¡adiós, adiós!

La casa detrás, delante el mundo,
y muchas sendas que recorrer,
hacia el filo sombrío del horizonte
y la noche estrellada.
Luego el mundo atrás y la casa adelante;
volvemos a la casa y a la cama.

Niebla y crepúsculo, nubes y sombra,
se borrarán, se borrarán.
Lámpara y fuego, y pan y carne,
¡y luego a la cama, y luego a la cama!

Bañandose en la casa de Frodo en los Gamos

¡Oh, el baño a la caída de la tarde,
que quita el barro del cansancio!
Tonto es aquel que ahora no canta.
¡Oh, el agua caliente, qué benedición!

Oh, dulce es el sonido de la lluvia que cae
y del barro que baja de la colina del valle,
pero mejor que la lluvia y los arroyos rizados
es el agua caliente humeando en la tina.

Oh, el agua fresca, échala si quieres
en una garganta abreasada y complácete,
pero mejor es la cerveza si hay ganas de beber,
y el agua caliente corre por la espalda.

¡Oh, es hermosa el agua que salta hacia arriba
en un afluente blanca bajo el cielo,
pero no ha habido nunca un sonido más dulce
que mis pies chapoteando en el agua caliente.

La noche antes de irse a los Gamos

Adiós les decimos al hogar y a la sala.
Aunque sople el viento y ciga la lluvia
hamos de partir antes de que amanezca,
lejos, por el bosque y la montaña alta.

Rivendel, donde los Elfos habitan aún,
en claros al pie de la niebla del monte,
cruzan por páramos y eriales iermos de preisa
y de allí no sabemos a dónde.

Delante el Enemigo y detrás el terror,
dormiremos bajo el dosel del cielo,
hasta que al fin se acaben las penurias,
el viaje termine, y la misión concluya.

¡Hay que partir, hay que partir!
¡Saldremos a caballo antes que amanezca!

Canciones de Tom Bombadill

¡Hola, dol! ¡Feliz dol! ¡Toca un don diló!
¡Toca un don! ¡Salta! ¡Sauce de fal lo!
¡Tom bom, alegre Tom, Tom Bombadilló!



¡Hola, ven alegre dol, querida derry dol!
Ligeros son el viento y el aladao estornino.
Allá bajo al pie de la colina, brillando al sol,
esperando a la puerta de la luz de las estrellas,
está mi hermosa dama, hija de la dama del río,
delgada como vara desauce, clara com el agua.
El viejo Tom Bombadil trayendo lirios de agua
vuelve saltando a casa. ¿Lo oyes cómo canta?
¡Hola, ven alegre dol, derry dol!, aledre oh,
Baya de Oro, Baya de Oro, alegre baya amarilla.
Pobre viejo Hombre-Sauce, ¡retira tus raíces!
Tom tiene prisa ahora. La noche sucede al día.
Tom vuelve de nuevo trayendo lirios de agua.
¡Hola, ven derry dol! ¿Me oyes cómo canto?



¡Saltada, amigitos, a lo largo del Tornasauce!
Tom va delante a encender las velas.
El sol se oculta, pronto marcharéis a ciegas.
Cuando caiga la noche, las puertas se abrirán,
y en las ventanas brillará una luz amarilla.
No tengáis miedo ni de alisos ni de sauces,
ni de raíces ni de ramas. Tom va delante.
¡Hola, ahora, alegre dol! ¡Bienvenidos a casa!



¡Hola, venid, alegre dol! ¡Bravos míos, saltad!
¡Hobbits, poneys, y todos, a la fiesta!
¡Que la alegría empiece! ¡Cantemos todos juntos!



¡Que los cantos empiecen! Cantemos todos juntos,
el sol y las estrellas, la luna, las nubes y la lluvia.
la luz en los capullos, el rocío en la pluma,
el viento en la colina, la campana en los brezos,
las cañas en la orilla, los lirios en el agua,
¡el viejo Tom Bombadil y la Hija del Río!



¡Fuera, viejo Tumulario! Desaparece a la luz!
¡Encógete como la niebla fría, llora como el viento
en las tierras estériles, más allá de los montes!
¡No regreses aquí! ¡Deja vacío el túmulo!
Perdido y olvidado, más sombrío que la sombra,
quédate donde las puertas están cerradas para siempre,
hasta los tiempos de un mundo mejor.

Canción en el Poney Pisador en el pueblo de Bree



Hay una posada, una vieja y alegre posada
al pie de una vieja colina gris,
y allí preparan una cerveza tan oscura
que una noche bajó a beberla
el Hombre de la Luna.
El palafrenero tiene un gato borracho
que toca un violín de cinco cuerdas;
arriba rechinando, abajo ronroneando,
y serruchando en el medio.

El posadero tiene un perrito
que es muy aficionado a las bromas;
y cuando en los huéspedes hay alegría,
levanta una oreja a todos los chistes
y se muere de risa.

Ellos tienen también una vaca cornuada
orgullosa como una reina;
la música la transporta como una cerveza,
y mueve la cola empenachada
y baila en la hierba.

¡Oh las pilas de fuentes de plata
y el cajón de cucharas de plata!
Hay un par especial de domindo
que ellos pulen con mucho cuidado
la tarde del sábado.

El Hombre de la Luna bebía largamente
y el gato se puso a llorar:
la fuente y la cuchara bailaban en la consola,
y la vaca brincaba en el jardín,
y el perrito se mordía la cola.

El homre de la Luna empinó el codo
y luego rodó bajo la silla,
y allí durmió soñando con cerveza;
hasta que el alba estuvo en el aire
y se borraron las estrellas.

Luego el palafrenero le dijo al gato ebrio:
- Los caballos blancos de la Luna
tascan los frenos de plata, y relinchan
pero el amo ha perdido la cabeza,
¡y ya viene el día!

El gato en el violín toca un jiga-jiga
que despertaría a los muertos,
chillando, serruchando, apresurando al tonada,
y el posadero sacude al Hombre de la Luna,
diciendo: ¡Son las tres pasadas!

Llevan al hombre rodando loma arriba
y lo arrojan a la luna,
mientras que los caballos galopan de espaldas
y la vaca cabriola como un ciervo
y la fuente sa va con la cuchara.

Más rápido el violín toca el jiga-jiga;
la vaca y los caballos están pata arriba,
y el perro lanza un rugiudo,
y los huéspedes ya saltan de la cama
y bailan en el piso

¡Las cueras del violín estallan con un pum!
La vaca salta por encima de la luna,
y el perrito se ríe divertido,
y al fuente del sábado se apaga corriendo
con la cuchara del domingo.

La luna redonda rueda detrás de la colina,
mientras el sol leventa la cabeza,
y con ojos de fuego observa estupefacta
que aunque es de día todos
volvieron a la cama.

Poesia dedicada a Aragon (Trancos)

No es oro todo lo que reluce,
ni toda la gente errante anda perdida;
a las raíces profundas no llega la escarcha;
el viejo vigoroso no se marchita.
De las cenizas subirá el fuego,
y una luz asomará en las sombras;
el descoronado será de nuevo rey,
forjarán otra vez la espada rota.

La Història de Tinúviel

Las hojas eran largas, la hierba era verde,
las umbrelas de os abetos altas y hermosas,
y en el cielo se vio una luz
de estrellas en la sombra centelleante.
Tinúviel bailaba allí,
a la música de una flauta invisible,
con una luz de estrellas en los cabellos,
y en las vestiduras brillantes.

Allí llegó Beren desde los montes fríos,
y anduvo extraviado entre las hojas,
y donde rodaba el Río de los Elfos,
iba afligido a solas.
Espió entre las hojas del abeto
y vio maravillado unas flores de oro
sobre el manto y las mangas de la joven,
y el cabello la seguía como una sombra.

El encantamiento le reanimó los pies
condenados a errar por las colinas,
y se precipitó, vigoroso y rápido,
a alcanzar los rayos de la luna.
Entre los bosques del país de los Elfos
ellá huyó levemente con pies que bailaban,
y lo dejó a solas errando todavía
escuchando la foresta callada.

Allí escucho a menudo el sonido volante
de los pies tan ligeros como hojas de tilo
o la música que fluye bajo tierra
y gorjea en huecos ocultos.
Ahora yacen marchitas las hojas del abeto,
y una por una suspirando
caen las hojas de las hayas
oscilando en el bosque de invierno.

La siguió siempre, caminando muy lejos;
las hojas de los años eran una alfombra espesa,
a la luz de la luna y a los rayos de las estrellas
que temblaban en los cielos helados.
El manto de la joven brillaba a la luz de la luna
mientras allá muy lejos en la cima
ella bailaba, llevando alrededor de los pies
una bruma de plata estremecida.

Cuando el invierno hubo pasado, ella volvió,
y como una alondra que subey una lluvia que cae
y un agua que sefunde en burbujas
su canto liberó la repentina primavera.
Él vio brotar las flores de los Elfos
a los pies de la joven, y curado otra vez
esperó que ella bailara y cantara
sobre los prados de hierbas.

De nuevo ella huyó, pero él vino rápidamente,
¡Tinúviel! ¡Tinúviel!
La llamó por su nombre élfico
y ella se detuvo entonces, escuchando.
Se quedó allí un instante,
y la voz de él fue como un encantamiento,
y el destino cayó sobre Tinúviel
y centelleando se abandonó a sus brazos.

Mientras Beren la miraba a los ojos
entre las sombras de los cabellos
vio brillar allí en un espejo
la luz temblorosa de las estrellas.
Tinúviel la belleza élfica,
doncella inmortal de sabiduría élfica
lo envolvió con una sombra cabellera
y brazos de plata resplandeciente.

Larga fue la ruta que les trazó el destino
sobre montañas pedregosas, grises y frías,
por habitaciones de hierro y puertas de sombra
y florestas nocturnas sin mañana.
Los mares que separan se extendieron entre ellos,
y sin embargo al fin de nuevo se encontraron
y en el bosque cantando sin tristeza
desaparecieron hace ya muchos años.

Canción de Trolls

El Troll estaba sentado en un asiento de piedra,
mordiendo y masticando un viejo hueso desnudo;
había estado royéndolo durante años y años,
pues un pedazo de carne era difícil de encontrar.
Vivía solo en una caverna de las colinas,
y un pedazo de carne era difícil de encontrar.

Llegó Tom calzado con grandes botas,
y le dio al Troll: "¿Qué es eso, por favor?"
pues se parece a la tibia de mi tío Tim,
que tendría que estar en el cementerio.
Hace ya muchos años que Tim se nos ha ido,
y aún tendría que estar en el cementerio".

"Compañero", dijo el Troll, "es un hueso robado,
¿pero de qué sirve un hueso en un agujero?
Tu tío estaba muerto como un lingote de plomo
mucho antes de que yo encontrara esta tibia.
Puede darle una parte a un pobre viejo Troll
pues él no necesita esta tibia".

"No entiendo por qué las gentes como tú",
dijo Tom, "han de servirse libremente
la canilla o la tibia de mi tío,
¡pásame entonces ese viejo hueso!
Aunque esté muerto, aún le pertenece;
¡pásame entonces ese viejo hueso!"

"Un poco más" dijo el Troll sonriendo,
"y a ti también te comeré y roeré las tibias.
¡Un bocado de carne fresca me caerá bien!
Te clavar¿ los dientes ahora mismo.
Estoy cansado de roer viejos huesos y cueros.
Tengo ganas de comerte ahora mismo".

Pensando aún que se había asegurado la cena
descubrió que no tenía nada en las manos,
pues Tom por detrás se había deslizado
lanzándole un puntapié como buena lección,
un puntapié en las asentaderas, pensó Tom,
será el modo de darle una buena lección.

Más duros que la piedra son la carne y el hueso
de un Troll que está sentado a solas en la loma;
tanto valdría patear la raíz de la montaña,
pues las asentaderas de un Troll son insensibles.
El viejo Troll rió oyendo que Tom gruñía.
Y supo que el pie de Tom era sensible.

Tom regresó a su casa arrastrando la pierna,
y el pie le quedó estropeado mucho tiempo,
pero al Troll no le importa, y está siempre allí
con el hueso que le birló al propietario.
Las asentaderas del Troll son siempre las mismas,
¡y también el hueso que le birló al propietario!

La História de Eärendil

Eärendil era un marino
que en Arvernien se demoró;
y un bote hizo en Nimrethel
de madera de árboles caídos;
tejió las velas de hermosa plata,
y los faroles fueron de plata,
el mascarón de proa era un cisne
y había luz en las banderas.

De una panoplia de antiguos reyes
obtuvo anillos encadenados,
un escudo con letras únicas
para evitar desgracias y heridas,
un arco de cuerno de dragón
y flechas de ébano tallado;
la cota de malla era de plata
y la vaina de piedra calcedonia,
de acero la espada infatigable
y el casco alto de adamanto;
llevaba en la cimera una pluma de águila,
y sobre el pecho una esmeralda.
Bajo la luna y las estrellas
erró alejándose del norte,
extraviándose en sendas encantadas
más allá de los días de las tierras mortales.

De los chirridos del Hielo Apretado,
donde las sombras yacen en colinas heladas,
de los calores infernales y del ardor de los desiertos
huyó deprisa, y errando todavía
por aguas sin estrellas de allá lejos
llegó al fin a la Noche de la Nada,
y así pasó sin alcanzar a ver
la luz deseada, la orilla centelleante.
Los vientos de la cólera se alzaron arrastrándolo
y a ciegas escapó de la espuma
del este hacia el oeste, y de pronto
volvió rápidamente al país natal.

La alada Elwin vino entonces a él
y la llama se encendió en las tinieblas;
más clara que la luz del diamante
ardía el fuego encima del collar;
y en él puso el Samaril
coronándolo con una luz viviente;
Eärendil, intrépido, la frente en llamas,
viró la proa, y en aquella noche
del otro Mundo más allá del Mar
furiosa y libre se alzó una tormenta,
un viento poderoso en Termanel,
y como la potencia de la muerte
soplando y mordiendo arrastró el bote
por sitios que los mortales no frecuentan
y mares grises hace tiempo olvidados;
y así Eärendil pasó del este hacia el oeste.

Cruzando la Noche Eterna fue llevado
sobre las olas negras que corrían
por sombras y por costas inundadas
ya antes que los Días empezaran,
hasta que al fin en márgenes de perlas
donde las olas siempre espumosas
traen oro amarillo y joyas pálidas,
donde termina el mundo, oyó la música.
Vio la Montaña que se alzaba en silencio
donde el crepúsculo se tiende en las rodillas
de Valinor y vio a Eldamar
muy lejos más allá de los mares.
Vagabundo escapado de la noche
llegó por último a un puerto blanco,
al hogar de los Elfos claro y verde,
de aire sutil; pálidas como el vidrio,
al pie de la colina de Ilmarin
resplandeciendo en un valle abrupto
las torres encendidas del Tirion
se reflejan allí, en el Lago de Sombras.

Allí dejó la vida errante
y le enseñaron canciones,
los sabios le contaron maravillas de antaño,
y le llevaron arpas de oro.
De blanco élfico lo vistieron
y precedido por siete luces
fue hasta la oculta tierra abandonada
cruzando el Calacirian.
Al fin entró en los salones sin tiempo
donde brillando caen los años incontables,
y reina para siempre el Rey Antiguo
en la Montaña escarpada de Ilmarin;
palabras desconocidas se dieron entonces
de la raza de los Hombres y de los Elfos,
le mostraron visiones del trasmundo
prohibidas para aquellos que allí viven.

Un nuevo barco para él construyeron
de sándalo. y de vidrio élfico,
de proa brillante; ningún remo desnudo,
ninguna vela en el mástil de plata:
el Silmaril como linterna
y en la bandera un fuego vivo
puesto allí mismo por Elbereth,
y otorgándole alas inmortales
impuso a Eärendil un eterno destino:
navegar por los cielos sin orillas
detrás del Sol y la luz de la Luna.

De las altas colinas de Evereven
donde hay dulces manantiales de plata
las alas lo llevaron, como una luz errante,
más allá del Muro de la Montaña.
Del fin del mundo entonces se volvió
deseando encontrar otra vez
la luz del hogar; navegando entre sombras
y ardiendo como una estrella solitaria
fue por encima de las nieblas
como fuego distante delante del Sol,
maravilla que precede al crepúsculo
donde corren la aguas de Norlanda.

Y así pasó sobre la Tierra Media
y al fin oyó los llantos de dolor
de las mujeres y las vírgenes élficas
de los Tiempos Antiguos, de los días de antaño.
Pero un destino implacable pesaba sobre él:
hasta la desaparición de la Luna
pasar como una estrella en órbita
sin detenerse nunca en las orillas
donde habitan los mortales, heraldo
de una misión que no conoce descanso
llevar allá lejos la claridad resplandeciente,
la luz flamígera de Oesternesse.

Canción que canta Bilbo en Rivendell

Me siento junto al fuego y pienso
en todo lo que he visto,
enflores silvestres y mariposas
de veranos que tan sido.

En hojas amarillas y telarañas,
en otoños que fueron,
la niebla en la mañana, el sol de plata,
y el viento en mis cabellos.

Me siento junto al fuego y pienso
cómo el mundo será,
cuando llegue el invierno sin una primavera
que yo pueda mirar.

Pues hay todavía tantas cosas
que yo jamás he visto:
en todos los bosques y primaveras
hay un verde distinto.

Me siento junto al fuego y pienso
en las gentes de ayer,
y en gentes que verán un mundo
que no conoceré.

Y mientras estoy aquí sentado
pensando en otras épocas
espero oír unos pasos que vuelven
y voces en la puerta.

La História de Durin; canta Gimili

El mundo era joven y las montañas verdes,
y aún no se veían manchas en la luna,
y los ríos y piedras no tenían nombre,
cuando Durin despertó y echó a caminar.

Nombró las colinas y los valles sin nombre;
bebió de fuentes ignoradas;
se inclinó y se miró en el Lago Espejo,
y sobre la sombra de la cabeza de Durin
apareció una corona de estrellas
como joyas engarzadas en un hilo de plata.

El mundo era hermoso en los días de Durin,
en los Días Antiguos antes de la caída
de reyes poderosos en Nargothrond y Gondolin
que desaparecieron más allá de los mares.
El mundo era hermoso y las montañas altas.

Fue rey en un trono tallado
y en salas de piedra de muchos pilares,
y runas poderosas en la puerta,
de bóvedas de oro y de suelo de plata.
La luz del sol, la luna y las estrellas
en centelleantes lámparas de vidrio
que las nubes y la noche jamás
oscurecían para siempre brillaban.

Allí el martillo golpeaba el yunque,
el cincel esculpía y el buril escribía,
se forjaba la hoja de la espada,
y se fijaban las empuñaduras;
cavaba el cavador, el albañil edificaba.

Allí se acumulaban el berilo, la perla
y el pálido ópalo y el metal en escamas,
y la espada y la lanza brillantes,
el escudo, la malla, y el hacha.

Incansable era entonces la gente de Durin;
bajo las montañas despertaba la música;
los arpistas tocaban, cantaban los cantantes,
y en la puerta las trompetas sonaban.

El mundo es gris ahora y vieja la montaña;
el fuego de la forja es sólo unas cenizas;
el arpa ya no suena, el martillo no cae;
la sombra habita en las salas de Durin,
y la oscuridad ha cubierto la tumba
en Moria, en Khazad-dûm.

Pero todavía aparecen las estrellas ahogadas
en la oscuridad y el silencio del Lago Espejo,
y hasta que Durin despierte de nuevo
en el agua profunda la corona descansa.

La História de Nimrodel; canta Legolas

Había en otro tiempo una doncella élfica,
una estrella que brillaba en el día,
de manto blanco recamado en oro
y zapatos de plata gris.

Tenía una estrella en la frente,
una luz en los cabellos,
como el sol en las ramas de oro
de Lórien la bella.

Los cabellos largos, los brazos blancos,
libre y hermosa era Lórien,
y en el viento corría levemente,
como la hoja del tilo.

junto a los saltos de Nimrodel,
cerca del agua clara y fresca,
la voz caía como plata que cae
en el agua brillante.

Por dónde anda ahora, nadie sabe,
a la luz del sol o entre las sombras,
pues hace tiempo que Nimrodel
se extravió en las montañas.

Un barco elfo en el puerto gris,
bajo el viento de la montaña,
la esperó muchos días
junto al mar tumultuoso.

Un viento nocturno en el norte
se levantó gritando,
y llevó la nave desde las playas élficas
sobre olas que iban y venían.

Cuando asomó la pálida aurora
las montañas grises se hundían
más allá de las olas empenachadas
de espuma enceguecedora.

Amroth vio que la costa desaparecía
debajo y más allá de la ola,
y maldijo la nave pérfida que lo llevara
lejos de Nimrodel.

Había sido antaño un rey élfico
señor del valle y los árboles,
cuando los brotes primaverales se doraban
en Lothlórien la bella.

Lo vieron saltar desde la borda
como flecha de un arco
Y caer en el agua profunda
como una gaviota.

El aire le movía los cabellos,
Y la espuma le brillaba alrededor,
lo vieron de lejos hermoso y fuerte
deslizándose como un cisne.

Pero del Oeste no llegó una palabra
y en la Costa Citerior
los Elfos nunca tuvieron
noticias de Armoth.

Canción de Galandriel; canta Frodo

Cuando la tarde era gris en la Comarca
se oían sus pasos en la colina;
y se iba antes del alba
en silencio a sitios remotos.

De las Tierras Ásperas a la costa del este,
del desierto del norte a las lomas del sur,
por antros de dragones y puertas ocultas
y bosques oscuros iba a su antojo.

Con Enanos y Hobbits, con Elfos y con Hombres,
con gentes mortales e inmortales,
con pájaros en árboles y bestias en madrigueras,
en lenguas secretas hablaba.

Una espada mortal, una mano benigna,
una espalda que la carga doblaba;
una voz de trompeta, una antorcha encendida,
un peregrino fatigado.

Señor de sabiduría entronizado,
de cólera viva, y de rápida prisa;
un viejo y gastado sombrero
que se apoya en una vara espinosa.

Estuvo solo sobre el puente
desafiando al Fuego y a la Sombra;
la vara se le quebró en la piedra,
y su sabiduría murió en Khazad-dûm.

Los más hermosos fuegos nunca vistos:
estallaban las estrella azules y verdes,
y después de los truenos un rocío de oro
caía como una lluvia de flores.

Canción de Bárbol




En los sauzales dé Tasarinan yo me paseaba en primavera,
¡Ah, los colores y el aroma de la primavera en Nantasarion!
Y yo dije que aquello era bueno.
Recorrí en el verano los olmedos de Ossiriand.
¡Ah, la luz y la música en el verano junto a los Siete Ríos de Ossír!
Y yo pensé que aquello era mejor.
A los hayales de Neldoreth vine en el otoño.
¡Ah, el oro y el rojo y el susurro de las hojas en el otoño de Taur-na-neldor!
Yo no había deseado tanto.
A los pinares de la meseta de Dorthonion subí en el invierno.
¡Ah, el viento y la blancura y las ramas negras del invierno en Orod-na-Thón!
Mi voz subió y cantó en el cielo.
Y todas aquellas tierras yacen ahora bajo las olas,
y caminé por Ambarona, y Taremorna, y Aldalómë,
y por mis propias tierras, el País de Fangorn,
donde las raíces son largas.
Y los años se amontonan más que las hojas
en Tauremomalómë.




Los derechos pa mi perra: "La Luna"